OAXACA, OAX.– El tráfico de armas entre Estados Unidos y México no puede entenderse como un problema exclusivo de una sola nación. Esa fue una de las principales reflexiones planteadas por el periodista y escritor Fernando Coca Meneses durante la presentación de su libro Balas con Remitente. El tráfico de armas de Estados Unidos a México, realizada en el Museo de los Pintores Oaxaqueños.
Ante el público oaxaqueño, Coca sostuvo que detrás del flujo de armas y drogas existe un sistema en el que convergen leyes, mercado, corrupción e intereses económicos, por lo que consideró necesario abandonar los discursos unilaterales y asumir una responsabilidad compartida entre ambos países.
El autor cuestionó que, mientras en Estados Unidos existe una legislación que permite la adquisición legal de armas que en México están reservadas para las Fuerzas Armadas, el poder de fuego que llega a manos de organizaciones criminales termina convirtiéndose en un factor determinante para la violencia que padecen comunidades mexicanas.
“Nosotros importamos la violencia”, planteó Coca durante su intervención.
Armas y fentanilo: dos rutas de un mismo problema
Uno de los argumentos centrales de Balas con Remitente es que las rutas utilizadas para introducir armas ilegalmente a México forman parte de un entramado que también permite el tránsito de drogas en dirección contraria.
El libro analiza precisamente cómo armas adquiridas legalmente en Estados Unidos pueden terminar en manos de organizaciones criminales mexicanas y cómo las debilidades regulatorias, los fabricantes, distribuidores y otros actores forman parte de una cadena que trasciende la frontera.
Para Coca, reducir la discusión únicamente al tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos deja fuera una parte fundamental del problema: el flujo de armamento que fortalece la capacidad operativa de los grupos criminales en México.
“Si ellos no tuvieran ese poder de fuego, no tendrían la capacidad” para mantener sus estructuras criminales y sus operaciones, sostuvo el periodista.
Desde su perspectiva, hablar de seguridad implica entonces mirar ambos sentidos de la frontera y exigir que Estados Unidos intervenga en la regulación de la producción, comercialización y flujo ilegal de armas que terminan en territorio mexicano.
La violencia también tiene un costo económico y social
Durante la presentación, Coca destacó que las consecuencias del tráfico de armas no se limitan a los homicidios o enfrentamientos.
Aseguró que las comunidades mexicanas también enfrentan desplazamientos, cierre de comercios, afectaciones a industrias y extorsiones, fenómenos que terminan trasladando parte del costo de la violencia a la población.
En ese contexto, cuestionó la idea de que México sea el único responsable de la crisis de seguridad y planteó que las condiciones que permiten el acceso de grupos criminales a armamento de alto poder deben incorporarse de manera permanente a la discusión pública.
“Una nación no es más poderosa por las armas que exporta, sino por las vidas que protege”, afirmó.
México ya llevó el reclamo hasta las cortes estadounidenses
Otro de los temas abordados fue la demanda presentada por el gobierno mexicano contra fabricantes de armas en Estados Unidos. Aunque el litigio no obtuvo el resultado que México buscaba ante la Suprema Corte estadounidense, Coca consideró que el proceso permitió colocar el tema en un terreno hasta entonces poco explorado y dejó precedentes para continuar la discusión jurídica.
El periodista también hizo referencia a acciones legales dirigidas contra otros eslabones de la cadena, incluidos vendedores y distribuidores, y sostuvo que el periodismo tiene la obligación de seguir la ruta del dinero para determinar cuánto genera la industria relacionada con la venta de armas y quiénes se benefician de este mercado.
Para Coca, el tema no debe limitarse a los discursos de funcionarios o a las coyunturas electorales. Debe permanecer en la agenda pública de ambos países.
Un llamado a la responsabilidad compartida
El escritor insistió en que la seguridad no puede construirse únicamente con policías, armas, balas o cárceles. En su planteamiento, también requiere participación ciudadana, políticas públicas y acuerdos binacionales que permitan contener el tráfico de armamento.
“Las balas tienen un remitente”, fue una de las ideas que atravesó su intervención: identificar de dónde provienen, quién las produce, quién las vende, cómo llegan a México y quién permite que continúen circulando.
La presentación de Balas con Remitente en Oaxaca se convirtió así en un llamado a ampliar la conversación sobre violencia y seguridad y a reconocer que el problema tiene una dimensión que rebasa las fronteras nacionales.
El libro, publicado por Editorial Porrúa, plantea precisamente esa mirada binacional sobre el tráfico de armas y sus consecuencias.
Porque, como concluyó Fernando Coca, si una nación quiere ser realmente poderosa, no debe medirse por las armas que posee o exporta, sino por las vidas que es capaz de proteger.


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