Durante la homilía pronunciada este domingo 16 de noviembre en la Catedral Metropolitana, el arzobispo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos, hizo un llamado a la comunidad católica a realizar un examen personal de conciencia al concluir el Año Litúrgico, y a asumir un compromiso mayor con la solidaridad, la justicia y la paz.
En su mensaje, el prelado insistió en que la Palabra de Dios debe asumirse primero de manera individual antes de pretender aplicarla a otros. Señaló que cada creyente está llamado a ser “voz de Dios” en su entorno familiar, laboral y social.
Vázquez Villalobos invitó a los fieles a cuestionarse si durante el ciclo litúrgico han crecido en santidad, en amor a Dios y al prójimo, pues —dijo— el destino final de toda persona será un encuentro personal con Dios donde hablarán las obras realizadas en vida.
El arzobispo también exhortó a descubrir el “rostro de Dios” en todas las personas, especialmente en quienes viven en situación de pobreza y marginación. Criticó la indiferencia hacia las comunidades más necesitadas del estado y pidió adoptar una actitud generosa y desprendida. Recordó que la pobreza de espíritu, según la tradición cristiana, implica apertura a la acción divina y desapego de los bienes materiales.
Asimismo, cuestionó el comportamiento cotidiano de los creyentes y de los propios servidores de la Iglesia, señalando que el verdadero compromiso religioso se demuestra con el testimonio y las acciones, no sólo con palabras. En este sentido, llamó a promover la paz en la vida familiar y comunitaria antes de exigirla hacia afuera.
Al referirse a los templos de Oaxaca —frecuentemente admirados por visitantes nacionales y extranjeros—, el arzobispo subrayó que la verdadera belleza debe encontrarse en cada persona, considerada “templo vivo del Espíritu Santo”. Invitó a la feligresía a cuidar su interior mediante la misericordia, la justicia y la paz.
Finalmente, en el marco de la última semana del Año Litúrgico, pidió a la comunidad prepararse para iniciar un nuevo ciclo y recordó el ejemplo de San Francisco de Asís como modelo de desprendimiento y servicio. Concluyó deseando una semana de reflexión y renovación espiritual.

