San Pedro Totolapan, Oaxaca.– La violencia feminicida volvió a cobrar la vida de una mujer en Oaxaca. Nazareth Cortez, presidenta del Comisariado Ejidal de San Pedro Totolapan, fue asesinada a balazos durante la madrugada de este jueves en un ataque directo que también dejó herida a su hija de 24 años.
De acuerdo con los primeros reportes, los hechos ocurrieron alrededor de la 1:00 de la mañana, cuando la representante agraria circulaba a bordo de su camioneta sobre la calle Eucalipto, en el barrio Vista Hermosa. Sujetos armados abrieron fuego en su contra en un ataque que, por su violencia, refleja un claro patrón de ejecución.
En la escena del crimen, peritos localizaron al menos 25 casquillos percutidos calibre 9 milímetros, de los cuales 12 impactaron directamente en el parabrisas del vehículo, evidenciando la intención de asesinarla sin posibilidad de escape.
La Fiscalía General del Estado informó que inició una carpeta de investigación bajo el protocolo de feminicidio; sin embargo, este anuncio se repite una y otra vez en Oaxaca sin traducirse en justicia real.
⚠️ Un crimen más en medio de la impunidad
El asesinato de Nazareth Cortez no es un hecho aislado, sino parte de una crisis estructural de violencia contra las mujeres que las autoridades han sido incapaces —o renuentes— a contener.
Organizaciones civiles han denunciado que en Oaxaca existe una profunda brecha entre las cifras oficiales y la realidad.
Mientras el gobierno reporta apenas una fracción de los casos como feminicidios, colectivos documentan decenas de asesinatos de mujeres que no son investigados con perspectiva de género.
Tan solo en 2025, organizaciones registraron más de 80 feminicidios, aunque las autoridades reconocieron muchos menos casos, reclasificando la mayoría como homicidios dolosos. Esta práctica no solo minimiza la gravedad del problema, sino que también perpetúa la impunidad.
🚨 Estado rebasado o indiferente
La falta de resultados es evidente: investigaciones deficientes, agresores no identificados en la mayoría de los casos y una alarmante ausencia de sentencias firmes. Especialistas advierten que esta omisión institucional envía un mensaje peligroso: en Oaxaca, matar a una mujer puede no tener consecuencias.
El propio diagnóstico de organizaciones feministas señala que la falta de perspectiva de género, la opacidad en las investigaciones y la ausencia de rendición de cuentas han normalizado la violencia feminicida.
Mientras tanto, las víctimas siguen acumulándose.
Nazareth Cortez, quien en vida explicaba públicamente las funciones de su cargo como representante ejidal, se suma a la larga lista de mujeres asesinadas en un estado donde la violencia no distingue cargos, edad ni contexto.
📢 Una exigencia urgente
El crimen no solo arrebató una vida; también deja en evidencia la incapacidad del Estado para garantizar seguridad a las mujeres, incluso a aquellas que ocupan cargos de representación comunitaria.
Hoy, una familia está rota, una comunidad queda en incertidumbre y Oaxaca suma otro feminicidio más en medio del silencio oficial.


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