Roberto Zataráin y la política convertida en espectáculo
El segundo informe legislativo del diputado poblano Roberto Zataráin, presentado mediante un video de inteligencia artificial ambientado en un Parlamento Galáctico, deja una lección que va más allá de la polémica en redes sociales: un político puede conseguir atención sin necesariamente fortalecer su credibilidad.
El problema no es utilizar inteligencia artificial, innovar en la comunicación o abandonar los formatos tradicionales. El problema aparece cuando la forma amenaza con convertirse en el mensaje y la espectacularidad termina ocupando el espacio que debería corresponder a los resultados.
El sociólogo francés Guy Debord, en La sociedad del espectáculo (1967), sostuvo que el espectáculo no consiste simplemente en una acumulación de imágenes, sino en una forma de relación social mediada por ellas. Aplicada al terreno político, esta idea permite formular una pregunta incómoda: ¿estamos observando una rendición de cuentas o una puesta en escena diseñada para capturar la atención?
Zataráin reportó un 100 % de asistencia a las sesiones, cinco iniciativas aprobadas y siete obras comunitarias. Son cifras que deben examinarse por sus resultados, alcance e impacto, no por la narrativa audiovisual que las acompaña. La ciudadanía no necesita extraterrestres que escuchen los logros de un diputado; necesita información que le permita comprobarlos.
La controversia también tiene una dimensión presupuestal. La prensa reportó una asignación de 206,547 pesos por legislador para los informes de actividades, pero el costo específico de esta producción no está confirmado públicamente en las fuentes consultadas. Por tanto, no corresponde afirmar que hubo un uso irregular de recursos; sí corresponde exigir transparencia sobre el gasto y sus comprobantes.
Desde una perspectiva política, la decisión de convertir el informe en un espectáculo puede resultar eficaz para generar conversación inmediata, pero también entraña un riesgo: que el representante termine siendo recordado por sus efectos especiales antes que por su trabajo legislativo. Y cuando las críticas se responden con ironías en lugar de información, la discusión se desplaza todavía más de la rendición de cuentas hacia la confrontación digital.
La política contemporánea necesita comunicar mejor, pero comunicar mejor no significa necesariamente producir más ruido. La innovación es una herramienta; la responsabilidad pública, una obligación. Confundir ambas puede convertir la visibilidad en un fin y relegar aquello que justifica el ejercicio del cargo.
Porque un diputado no recibe un mandato para convertirse en protagonista de un espectáculo, sino para representar a ciudadanos que tienen derecho a evaluar su desempeño.
Al final, la pregunta no es si el video fue creativo, si se volvió viral o si consiguió miles de comentarios. La pregunta verdaderamente política es otra:
¿Estamos eligiendo representantes que rindan cuentas ante la ciudadanía o representantes que aprendan a convertir la rendición de cuentas en un espectáculo?
Por DMM


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