Aprender a cultivar también significa conocer la tierra, comprender los ciclos de las plantas y reconocer el origen de los alimentos. Con esta visión, los Guardianes del Maíz encabezaron durante diez días el Taller Agroecológico Escolar “Raíces y frutos”, dirigido a jóvenes de la comunidad rural de La Carlota, en la región de la Cuenca del Papaloapan.
Durante las jornadas de capacitación, las y los participantes combinaron conocimientos teóricos con actividades prácticas en campo para avanzar en la instalación de una huerta agroecológica escolar. En el espacio teórico abordaron temas relacionados con la anatomía y fisiología de las plantas; mientras que, en territorio, pusieron en práctica lo aprendido mediante la instalación de camas de cultivo, la elaboración de semilleros y la siembra directa.
El taller tiene como objetivo desarrollar habilidades y conocimientos agroecológicos desde un espacio agropedagógico, donde la observación, la experimentación y el trabajo directo con la tierra fortalecen el aprendizaje de las juventudes.
Estas acciones forman parte del trabajo de “El Maíz es la Raíz”, Plan Nacional de Maíz Nativo impulsado por el Gobierno de México a través de Alimentación para el Bienestar, que reconoce la importancia del maíz nativo, los saberes campesinos y la diversidad biocultural como elementos fundamentales de la alimentación y la identidad de los pueblos de México.
Mediante este proceso formativo, las y los jóvenes se acercan a los conocimientos y prácticas agroecológicas que contribuyen a comprender la producción de alimentos, el cuidado de los recursos naturales y el valor de preservar la diversidad agrícola.

Juventudes que aprenden desde la tierra
En el desarrollo del taller participan los Guardianes del Maíz José Alberto Fuentes, Diana Celestino y Hania Palafox, con la colaboración de Dora Luz Maldonado, directora de la telesecundaria de la comunidad.
A través de “Raíces y frutos”, la huerta escolar se convierte en un espacio de aprendizaje donde las juventudes fortalecen sus conocimientos sobre el cultivo de plantas y reconocen la importancia de los saberes vinculados con la tierra.
Así, el trabajo agroecológico en las escuelas contribuye a acercar a las nuevas generaciones a la producción de alimentos y a mantener vivas las raíces agrícolas y culturales que forman parte del patrimonio alimentario de México.



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